En carreteras calientes, capas de aire a distinta temperatura curvan los rayos, creando charcos fantasma y ciudades flotantes. La fata morgana, más compleja, invierte y apila imágenes lejanas en el horizonte marino. Seguridad primero: evita permanecer en el asfalto bajo sol extremo. Lleva un polarizador, pero úsalo con cuidado, porque puede disminuir el efecto deseado. Documenta con secuencias de video cortas; los cambios sutiles del fenómeno narran mejor que una sola foto. Si incluyes una persona o un vehículo, fija puntos de referencia para que la magnitud del engaño resulte evidente a cualquier observador atento.
En temporada de lluvias, el Salar de Uyuni convierte su superficie en un espejo celestial. Un centímetro de agua basta para borrar la línea del horizonte y duplicar nubes, soles y constelaciones. Lleva botas impermeables, paños para limpiar equipo y protección contra el viento. Busca periodos de calma para obtener reflejos perfectos y, cuando sople brisa, aprovecha las pequeñas ondas para introducir textura. Experimenta con autorretratos que parezcan flotar, y con luces nocturnas para construir pasillos estelares. La experiencia es casi meditativa: cada paso disuelve el suelo y te enseña a desconfiar con alegría de la distancia.