En lugar de marcar líneas directas, ocúltalas tras copas y ramas, dejando que pequeñas repeticiones y direcciones sutiles guíen la mirada. La convergencia existe, pero se intuye entre huecos de follaje. Este planteamiento evita la dureza arquitectónica y recuerda cómo percibimos bosques y valles al caminar. Ensaya varios borradores; desplaza el punto de fuga fuera del marco y deja que la vegetación sea cómplice, filtrando la geometría con naturalidad elegante y silenciosa coherencia.
La superposición es el atajo más fiable para crear profundidad persuasiva. Sitúa hojas, tallos o rocas en primer plano que parcialmente cubran planes medios, y deja que estos tapen discretamente los lejanos. Al escalonar objetos con claros solapes, el cerebro calcula distancias sin esfuerzo consciente. Evita bordes paralelos redundantes; busca diagonales que respiren. Introduce vacíos intermedios donde el aire se sienta. La clave es ritmo, alternancia y pequeñas interrupciones que rompen simetrías previsibles.